Crónica de Diego Santos: ¿Y si Twitter se detuviera? – Columnistas – Opinión

Todo lo que pasó con la red de opinión más poderosa que ha existido no augura nada bueno. La desafortunada disputa pública con Elon Musk, la inexperiencia de su joven CEO, Parag Agrawal, y el proceso de innovación paquidérmico y torpe de la compañía durante la última década son razones suficientes para comenzar a preguntarse si Twitter puede sobrevivir mucho más tiempo.

El pasado 29 de julio supimos que Musk, el hombre más rico del planeta, un genio excéntrico, astuto e irresponsable, había anunciado una reconvención contra Twitter, que en las últimas semanas lo había demandado para obligarlo a cumplir su palabra de comprar la red por $ 44 mil millones. Como muchos de ustedes ya sabrán, el magnate de Tesla, después de un ejercicio más típico de bravuconería adolescente temperamental, en el que dijo que iba a comprar Twitter, se echó atrás con una rabieta.

La telenovela Twitter, que parece haber sido sacada de una de las megaproducciones de Patricio Wills, no solo expuso ante la opinión pública su fragilidad como modelo de negocios, sino que también expuso las grandes desavenencias entre gerencia y empleados.

Aunque la moral de los empleados no era uno de sus puntos fuertes -nunca entendieron cómo Facebook, Instagram y Google volaron a la estratosfera mientras Twitter se atascaba en discusiones bizantinas y poco ambiciosas-, la empresa está luchando por detener su deserción. La moral, apuntan fuentes internas, está por los suelos, y la incertidumbre es la palabra que parece haberse posado sobre ellos como una gran nube.

Por si la saga de Musk no fuera suficiente, la compañía acaba de anunciar menores ingresos en el segundo trimestre del año y una caída en su caja de publicidad digital. Además, el planeta se ata los pantalones ante una posible recesión mundial, con todo lo que ello conlleva. Toda esta confluencia de factores tiene a Agrawal a la espera de hablar con los anunciantes para convencerlos de que Twitter sigue siendo una apuesta sólida. El gran problema: no es cierto.

“Los empleados ya no creen en esta gestión”, dijo un alto funcionario de Twitter al Financial Times británico bajo condición de anonimato. “La sensación de todo este episodio (con Musk) es que Twitter va a ser el perdedor”.

La pregunta no está de más: ¿quién puede creer en el futuro de una empresa atenazada por tantas dificultades? En los últimos 10 años, las innovaciones de productos de la compañía se han contado con los dedos de una mano, y de estas, solo dos o tres han tenido éxito, como Spaces, la herramienta que permite hacer podcasts en vivo.

La triste realidad es que Twitter ha perdido el tren de la gran oportunidad y el elefante que siempre ha tenido en su salón, por su ineficacia y prepotencia, además de tener un CEO que dirigía dos empresas, creció tanto que se hizo imposible no para verlo. Tarde o temprano, Twitter iba a implosionar. Musk apenas escuchó el botón que abrió la cortina al mundo.

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